Datos
Generales
La mayor parte de la información de
este apartado ha sido extraída del libro "La
Serranía: Análisis Geográfico Comarcal",
de Carles Rodrigo.
La zona,
situada en el noroeste de la provincia de
Valencia (ver situación y accesos), tiene una
extensión aproximada de 1.400 km², y comprende veinte
términos municipales: Alcublas, Alpuente,
Andilla, Aras de Alpuente,
Benageber, Bugarra, Calles,
Chelva, Chulilla, Domeño,
Gestalgar, Higueruelas, Loriguilla,
Losa del Obispo, Pedralba,
Sot de Chera, Titaguas,
Tuéjar, Villar del Arzobispo
y La Yesa. Dos de estos municipios
(Domeño y Loriguilla) se encuentran
actualmente ubicados fuera de los límites comarcales
debido a que sus habitantes fueron trasladados tras la
construcción del pantano de Loriguilla, cuyas
aguas cubren la antigua población de su mismo nombre y
parte del término de Domeño.
La
Serranía se caracteriza por la existencia de un
medio físico diverso, rico y variado. La notable
extensión superficial de la comarca, unos 1.400 km²,
pero sobre todo lo accidentado de la misma, que
justifica la denominación de La Serranía, son factores
decisivos para su diversidad.
Geología Geológicamente, La
Serranía pertenece plenamente al dominio
estructural y sedimentario del Sistema
Ibérico. El río Turia atraviesa la comarca
de noroeste a sur, vertebrándola y condicionando su
orografía. Se trata de un territorio muy fracturado y
descompuesto en un conjunto de pequeños bloques,
integrado por una sucesión de sierras y valles, de
muelas y altiplanicies. A modo de esquema sintético es
posible distinguir cuatro grandes áreas geomorfológicas
en La Serranía:
la zona norte, la
Serranía Alta (Alpuente,
Aras, Titaguas, La Yesa):
altiplanicie jalonada por relieves tabulares o muelas;
la zona centro (Benagéber, Calles,
Chelva, Tuéjar): caracterizada por la
presencia del Turia encajonado, el valle
secundario del Tuéjar-Chelva, la intensa acción
erosiva y la abundancia de surgencias como fuentes o
mananciales; la zona oriental (Alcublas,
Andilla, Higueruelas, Losa
del Obispo, Villar del
Arzobispo): consta, por una parte, de laderas de
suave pendiente formadas por materiales acumulados
procedentes de las zonas altas y, por otra, del
ensanchamiento del valle del Turia. la zona
meridional (Bugarra, Chulilla,
Gestalgar, Pedralba, Sot de
Chera): está formada por pliegues y
pliegues-fallas de rumbo NO-SE. Es de destacar el
sinclinal jurásico de Sot de Chera.
 En La Serranía
predomina el espacio con alternancia mayoritaria de
calizas y margas, sedimentos resultantes de la
deposición marina prolongada durante millones de años.
Las calizas y dolomías predominan en las muelas del
altiplano de la Serranía Alta así como en
otra extensa zona que por el sur se extiende desde
Sinarcas a Gestalgar, mientras que las
arcillas y margas con yesos forman una franja de
Tuéjar a Domeño y otras manchas menores en
Andilla y Bugarra-Pedralba. Finalmente, el
extremo oriental y ya sobre la transición hacia la
Llanura Litoral Valenciana, además
de algún otro pequeño enclave, está ocupado por gravas,
conglomerados, arenas y arcillas.
El Clima El área participa
del clima mediterráneo del País
Valenciano. La característica más representativa
del clima mediterráneo es la existencia de una estación
seca durante el verano. Dentro del conjunto valenciano
La Serranía es una zona interior,
relativamente alejada del litoral, por lo que presenta
ciertos caracteres continentalizantes en su clima. Éstos
se incrementan progresivamente hacia el interior y a
medida que se asciende en altitud, de modo que la
Serranía Alta presenta rasgos más
continentales que las tierras bajas del este comarcal.

Como ejemplo, las temperaturas medias
anuales en La Yesa son inferiores en
cuatro grados a las de la ciudad de Valencia.
Únicamente la existencia del río Turia y de
alguno de sus afluentes, que actúan como corredores de
penetración, y la propia disposición del relieve a modo
de cuenca abierta hacia el este permite una mayor
penetración de la influencia marina e introduce una
variación climática acentuada por la accidentada
orografía comarcal.
La temperatura media anual
de La Serranía presenta una notable
diferenciación zonal intraterritorial. Si bien una
pequeña porción participa de las características del
litoral, al superar los 16º, desciende por debajo de los
14º en una gran parte del territorio e incluso en las
sierras es inferior a 8º, lo que constituye un clima
mediterráneo frío. El área con temperaturas inferiores
se dispone en torno al Javalambre y no en vano
ésta constituye una de las zonas más frías del
territorio valenciano.
 Por lo que respecta a las
precipitaciones la mayoría del territorio serrano se
sitúa entre los 500 y los 600 milímetros (litros por
m²)
de precipitación media anual. Al igual que sucede con
las temperaturas existe una diferenciación en bandas a
partir del valle del Turia y esta media no se
alcanza a lo largo de gran parte del curso del río, como
sucede en el tramo bajo del mismo. El foco de mayores
precipitaciones se extiende por la periferia de la
Sierra de Javalambre, donde se
superan los 700 mm en el noreste de las Hoyas
de Alpuente. Al igual que sucede en la
práctica totalidad del territorio valenciano, el otoño
es la estación más lluviosa, siendo la primavera la
segunda estación con mayores precipitaciones. En la zona
alta la nieve se presenta varias veces todos los
inviernos, constituyendo un fenómeno habitual.
La Vegetación Tradicionalmente éste
ha sido un territorio dotado de una desarrollada
cubierta vegetal y una notable biodiversidad. Destaca en
este sentido la importancia del bosque como formación
vegetal representativa de la zona. La expansión agrícola
producida durante lo siglos XVII, XIX y principios del
XX supuso la máxima marginación del espacio natural y,
dentro de él, del bosque. Posteriormente, y pese al
carácter más o menos dirigido del proceso, se ha
producido una recuperación, que prosigue en la
actualidad.
La mayoría de la comarca se adscribe
al dominio del encinar continental, a excepción de una
franja central donde predomina la maquia continental de
coscoja y espino negro. Pero tras la transformación de
dicha vegetación potencial por causas naturales y
especialmente humanas prima otra caracterización en la
vegetación actual.
La acción humana tiende a
potenciar el estrato herbáceo, manteniendo el arbóreo
más o menos aclarado y eliminando el arbustivo. También
introduce otras especies mediante repoblaciones,
habiéndose acentuado la presencia de pinos. Hay que
añadir el efecto de los incendios, que en las últimas
décadas han sido importantes en la comarca.
El
espacio registrado como monte reúne unas 80.000
hectáreas, más de la mitad de la extensión de La
Serranía, y su superficie se incrementa día a día.
El carrascal constituye uno de los conjuntos de
vegetación clímax de La Serranía, cuya
especie arbórea más representativa es la encina
(Quercus ilex), más conocida popularmente
como carrasca. La encina es una especie de gran amplitud
ecológica, presente en situaciones climáticas y edáficas
muy variadas como especie dominante o integrada con
otras arbóreas. Es capaz de colonizar suelos pobres y
muestra preferencia por los substratos básicos. Aparece
desde el nivel del mar hasta los 2.000 metros de altitud
siempre y cuando la precipitación media anual supere los
350 mm y no rebase el millar en determinadas
condiciones. Habitualmente le acompañan arbustos como el
lentisco (Pistacia lentiscus) o el mirto
(Mirtus communis). Pese a que ha sido
objeto de sistemática destrucción se conservan extensos
carrascales, destacando el que se extiende por el norte
del término de La Yesa.
En las
zonas húmedas y menos soleadas aparece también el
rebollo (Quercus pyrenaica) formando masas
forestales, variedad de roble conocida como quejigo. No
es abundante en la comarca.
Donde la encina no
puede desarrollarse por la dureza del clima le sustituye
la sabina albar (Juniperus thurífera),
única de esta especie que alcanza porte arbóreo,
formando bosques claros, y que en esta zona es conocida
como travina. Este árbol se identifica con el sistema
Ibérico, donde presenta la mayor extensión de
España, aunque en el pasado debió ocupar grandes
superficies de la Península Ibérica. Sus
límites de tolerancia al fío, a la sequía, a la fuerte
insolación y a los suelos pobres son superiores a los de
cualquier otro árbol mediterráneo, por lo que se ha
mantenido en los enclaves de condiciones más duras como
sucede en la Serranía Alta. Suele ir
acompañada de un estrato arbustivo pobre cuyo máximo
representante es el enebro (Juniperus
communis), que también puede llegar a alcanzar
porte arbóreo.
En el extremo septentrional
comarcal, en las zonas más altas, la sabina albar cede
su lugar a la sabina rastrera (Juniperus
sabina), que forma extensas manchas vegetales que
se desarrollan a ras del suelo, allí donde el clima y la
falta de suelo dificultan el desarrollo arbóreo. Existen
sabinas albares por toda la porción occidental comarcal,
y destaca la presencia de numerosos ejemplares
centenarios, especialmente en la zona septentrional de
los términos de Alpuente y Aras, donde
constituyen conjuntos de notable valor.
Pero la
mayor parte de la superficie forestal comarcal la ocupa
el pinar, mayoritario tras su expansión a costa de otras
especies. Predomina el pino carrasco (Pinus
halepensis), que se ha convertido, a consecuencia
de la destrucción del bosque natural y de las masivas
repoblaciones forestales de décadas pasadas, en el más
común de los pinos.
También encontramos pino
rodeno (Pinus pinaster) y pino piñonero
(Pinos pinea), aunque de forma más
localizada. Las mayores masas de pinar se encuentran
actualmente, tras el paso de los incendios, en la zona
sudoccidental de la comarca, en torno al Turia,
así como al norte de los términos de Chelva y
Tuéjar y, en manchas más aisladas, al norte de
Alpuente, Aras o Andilla.
Excepto en las áreas de clima más duro
encontramos otras especies como el acebuche u olivo
silvestre (Olea europea) y el algarrobo
(Ceratonia siliqua), muchas veces
vinculados al retroceso agrario de esos terrenos.
Debido a las características naturales pero
también a la acción humana mediante la tala del
arbolado, la obtención de leñas, el carboneo, el
pastoreo, etc. gran parte del área forestal comarcal no
presenta cobertura arbórea en la actualidad, sino que
está ocupada por matorral arbustivo, conocido también
como “maquia”. En esta maquia encontramos
especies como la coscoja (Quercus
coccifera), el espino negro (Rhamnus
lycioides), el romero (Rosmarinus
officinalis), el brezo (Erica
multiflora) y en las áreas más cálidas el palmito
(Chamaerops humilis). En condiciones más
extremas la maquia da paso a los romerales, donde
predomina el romero y el brezo, o a los tomillares, de
menor grado de cobertura, una comunidad vegetal
integrada por el mismo tomillo (Tymus
vulgaris), el rabo de gato (Sideritis
leucantha), el espliego (Lavandula
latifolia) y otras.
El bosque de ribera
junto a cursos permanentes de agua se caracteriza por la
presencia de especies de hoja caduca. En este medio
están presentes los sauces (Salix sp.), que
tienden a situarse junto a la corriente, incluso con sus
raíces en el agua, el álamo blanco (Populus
alba), el chopo (Populus nigra) el
olmo (Ulmus minor) o el fresno
(Fraxinus excelsior), estos disfrutando de
la humedad pero sin llegar a contactar con la corriente.
Se completa la vegetación con diversas especies
arbustivas como el rosal silvestre (Rosa
sp.), la zarza (Rubus sp.), la
yedra (Hedera elix) o el junco. El bosque
de ribera ejerce un control sobre la acción erosiva de
los cursos de agua creando además un microclima local.
En los regajos, ramblas o barrancos, con humedad
edáfica ocasional, se instala la adelfa o baladre
(Nerium oleander). También encontramos
otras especies como la caña (Arundo
donax), el hinojo (Foeniculum
vulgare) o el mirto (Myturs
communis).
Existen ejemplares arbóreos de
grandes dimensiones, árboles que se distinguen por su
porte, forma y antigüedad. Ir al catálogo de árboles
monumentales.
La Fauna La extensa
superficie comarcal, su diversidad paisajística, la
existencia de grandes áreas forestales o agrarias de
baja intensidad de uso y la escasa densidad de población
son algunos de los factores que justifican la presencia
de una rica y variada fauna en La Serranía.
En
los últimos años ha sido patente el retroceso de algunas
especies debido a diversos motivos, mientras que la
disminución de la presión sobre el territorio ha
impulsado la expansión de otras.
Entre los
mamíferos presentes en la zona se encuentra el jabalí (
Sus scrofa ), cuya presencia se ha
incrementado a lo largo de las últimas décadas al igual
que en otras comarcas rurales de montaña. Con carácter
circunstancial, puesto que provienen en su mayoría de
zonas interiores como la Serranía de
Cuenca, se encuentra el ciervo (Cervus
elaphus), el corzo (Capreolus
capreolus), el gamo (Dama dama) o
el muflón. El incremento en el número de estos
animales ha provocado que desciendan hacia las áreas de
cultivo en busca de alimento.
Otros mamíferos
son los pequeños predadores, fundamentalmente
carnívoros, como la comadreja ( Mustela
nivalis ), turón ( Mustela putorios
), la garduña ( Martes foina ), el tejón (
Meles meles ), la gineta ( Genetta
genetta ) o el zorro ( Vulpes
vulpes ), éste abundante y adaptado a los
cambios.
Abundan los pequeños mamíferos como el
conejo ( Orytolagus cuniculus ), la liebre
(Lepus capensis), la rata común (
Rattus norvegicus ), la rata campestre
(Rattus rattus), el ratón de campo
(Apodemus sylvaticus), el ratón casero
(Mus musculus), el lirón carteo (
Eliomys quercinus ), el topillo común
(Pitymys duodecimcostatus), el topo ciego
(Talpa caeca), el erizo ( Erinaceus
europaeus ) o el murciélago ( Pipistrellus
pipistrellus ).
Entre los reptiles son
múltiples las especies representadas y prolija su
enumeración. Puede citarse la salamanquesa común
(Tarentola mauritanica), la lagartija
ibérica (Podarcis hispánica), el lagarto
ocelado (Lacerta lepida), que puede
alcanzar un tamaño superior a medio metro y diversos
tipos de culebra, así como la víbora hocicuda
(Vipera latasti). Por su parte los
anfibios son el gallipato (Pleuaodeles
waltl), escasamente representado, el sapo cavador
(Pelobates cultripes) o el sapillo moteado
(Pelodytes punctatus), la ranita
meridional (Hyla meridionalis), la rana
común (Rana ridibunda), etc.
En
los cursos de agua y su entorno próximo se encuentran
especies como la rata de agua o la nutria ( Lutra
lutra ), aunque ésta prácticamente ha
desaparecido debido al progresivo deterioro de ríos y
arroyos.
La avifauna está representada or
multitud de especies, adaptadas a condiciones diferentes
como el bosque, los espacios abiertos, los medios
acuáticos, etc. Tal vez puede destacarse por sus
dimensiones, rapaces como el buitre leonado (Gyps
fulvus), el águila real (Aquila
chrysaetus), el cernícalo (Falco
tinnuncyulos), el halcón (Falco
peregrinus) o aves nocturnas como el buho
(Bubo bubo) y la lechuza (Tyto
alba).
Por último cabe citar la
abundancia de peces en ríos y pantanos. Ahí encontramos
la anguila, la trucha, la trucha Arco Iris
o los ciprínidos. Además, con el objetivo de potenciar
la pesca, se han introducido en los últimos años
especies como el Black-bass, presente en los embalses, o
la trucha Arco Iris en los ríos
comarcales. La regulación del Turia como
consecuencia de la implantación de los embalses
representa un problema añadido en tanto que se producen
unas fluctuaciones artificiales que inciden sobre el
desarrollo piscícola. |